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Cómo se mide, y qué no puede decir

Cómo se pasa de un archivo de escenas Landsat a una cifra de superficie de piletas, y dónde se corta lo que esa cifra sostiene. Los dos problemas de fondo se descubrieron mirando los datos, no antes.

Persistencia, no una foto

Una escena suelta no distingue una pileta de una laguna natural: las dos dan índice de agua alto. Lo que las separa es cuánto tiempo se quedan mojadas. Por eso, para cada salar y cada año se cuenta qué fracción de las observaciones válidas tuvo agua en cada píxel.

Una pileta operada está bajo salmuera todo el año y da una frecuencia cercana a 1. Una laguna natural se llena y se seca con la estación, y queda entre 0.2 y 0.6. Como es un cociente sobre observaciones válidas, el método tolera los huecos de escena y la cobertura parcial.

Se toman hasta dos escenas por mes, las menos nubladas. No es por velocidad. Si se toman todas, los meses despejados del invierno seco pesan más que los nublados del verano húmedo, y las lagunas naturales, que se llenan justo en verano, quedan subestimadas de forma sistemática.

El umbral se calibró contra verdad de campo

La primera versión exigía índice de agua alto y poco reflejo en el infrarrojo cercano. El razonamiento parecía sólido: la nieve y la costra seca también dan índice de agua alto, y el infrarrojo las separa del agua, que lo absorbe.

Estaba mal, y la validación lo mostró. Contra las 388 piletas digitalizadas en OpenStreetMap sobre Atacama, ese criterio daba un recall de 3.7%. La razón es física: la salmuera concentrada de una pileta de litio es tan brillante en el infrarrojo cercano que satura el sensor. La condición puesta para descartar nieve estaba borrando justo las piletas más maduras.

Criterio Recall Falsos positivos sobre costra seca
Agua alta y NIR bajo (0.25) 38.3% 5k
Agua alta y NIR bajo (0.45) 46.6% 74k
Solo agua, umbral 0.30 74.8% 58k
Solo agua, umbral 0.15 81.6% 195k

El criterio adoptado no usa el infrarrojo cercano, y domina a todas las variantes que sí lo usan en las dos métricas a la vez. Los falsos positivos por escena pesan poco, porque aguas abajo quedan dos filtros más: la persistencia anual y la resta de la línea de base. Una costra seca que ocasionalmente pasa el umbral no sobrevive a ninguno de los dos.

Por qué esto está contado y no escondido

El criterio equivocado producía cifras de aspecto perfectamente razonable. Sin una referencia externa contra la cual medirse, no había forma de notar que faltaba el 96% de las piletas. Es el argumento entero a favor de validar.

La máscara de nubes miente sobre un salar

El control de calidad de Landsat se equivoca de forma sistemática acá: la costra de sal es blanca y fría, y la marca como nube o como nieve casi siempre. Con la máscara estricta, el interior del salar quedaba con menos de seis observaciones por año mientras los cerros de alrededor tenían veinte. El contorno del salar aparecía calcado en el mapa de observaciones, que es la firma inconfundible del problema.

Se descartan solo relleno, nube confirmada y sombra de nube. La nieve no necesita máscara propia: es transitoria, y no nieva el 80% del año.

La línea de base se arma con los años secos

No alcanza con promediar los primeros años. La superficie húmeda natural varía muchísimo: en Hombre Muerto, 1987 y 1993 inundan unos 60 km² y 1998 casi nada. Si la base incluye años húmedos, queda alta justo en el centro-sur del salar, que es exactamente donde después se construyen las piletas, porque ahí la salmuera está somera. El resultado sería descontar piletas reales.

Por eso la base son los años secos previos a la operación. Lo que sigue mojado hasta en un año seco es agua natural permanente de verdad.

Los filtros que quedan, y qué se publica al lado

  • Forma. Limpieza morfológica y descarte de cuerpos menores a 1.8 ha: las piletas son grandes y compactas.
  • Mínimo de diez observaciones por píxel y año. Con pocas pasadas la frecuencia se sesga hacia arriba: con cuatro observaciones solo puede valer 0, 0.25, 0.5, 0.75 o 1, y llegar a 1 es fácil.
  • Persistencia de dos años para fechar el nacimiento de una pileta. Una inundación puntual no cuenta.
  • Banda de sensibilidad. La misma superficie recalculada con tres cortes distintos, para que se vea cuánto depende el resultado de dónde se corta.
  • Cota superior. La superficie permanentemente mojada sin descontar la natural. La cifra real está entre las dos.
  • Marca de año cuantitativo. Si menos del 60% del área llegó a diez observaciones, el año se reporta pero no se usa para sacar conclusiones.

Dónde se corta lo que se puede afirmar

Esto va acá y no en una nota al pie, porque condiciona cómo se lee todo lo demás.

La serie cuantitativa arranca en 2013, no en 1985

Es la limitación más importante y no estaba prevista. Landsat 5 y 7 se saturan sobre la costra de sal: el salar es una de las superficies más brillantes del planeta y esos sensores no tienen rango para eso. El producto marca esos píxeles como sin dato, así que el interior del salar directamente no llega.

Año Observaciones válidas % de píxeles con 10 o más Sensor
1986 0 15% Landsat-5
1998 7 31% Landsat-5
2005 10 53% Landsat-5 y 7
2010 5 15% Landsat-5 y 7
2016 15 89% Landsat-7 y 8
2024 19 100% Landsat-8 y 9

Landsat-8, de 2013, trae 12 bits contra los 8 de sus antecesores, y ahí el problema desaparece. Las cifras se sostienen desde entonces. Los años anteriores sirven para ver que el salar estaba vacío antes de la operación, no para medir tasas de crecimiento.

Superficie de piletas no es producción

El área es un proxy, y con eslabones flojos en el medio. La salmuera tarda entre 12 y 24 meses en recorrer la cadena, y ese desfasaje cambia con la operación y con el clima. La productividad por hectárea depende de la concentración de la salmuera, que varía mucho entre Atacama y la Puna argentina. Y las plantas de extracción directa producen con muchísima menos pileta: a medida que se adopten, la relación entre área y producción se rompe. Eso ya afecta a los proyectos nuevos.

No se puede atribuir causalidad sobre el agua

Se puede medir que las vegas retrocedieron y que las piletas crecieron en el mismo período. Eso no prueba que una cosa causó la otra. En la Puna compiten al menos tres explicaciones: la extracción industrial, la variabilidad de la precipitación andina y el pastoreo. Separarlas necesita datos que no son satelitales.

Lo que sí aporta el satélite es la magnitud y la geometría del cambio, y la posibilidad de descartar hipótesis: si la retracción es igual en salares con y sin operación, la operación no es el factor dominante.

La validación no es pareja entre salares

Solo Atacama tiene piletas digitalizadas por terceros. En los salares argentinos la validación es temporal y visual, no cuantitativa. Una métrica medida en Atacama no se transfiere automáticamente: la salmuera tiene otra concentración, otro color y otro contraste contra la costra.

Y el área de Centenario-Ratones se armó con la ubicación publicada de la planta, porque OpenStreetMap no tiene ese salar por nombre. Queda marcada como no verificada en los datos: su cifra de 0.0 km² hay que recortarla contra imagen reciente antes de citarla.

Lo que directamente no se midió

  • Volumen de salmuera extraída. El satélite ve superficie, no caudal.
  • Química de la salmuera. El color de las piletas se correlaciona con la concentración, pero acá no se calibró contra ningún análisis.
  • Agua subterránea. El sensor gravimétrico que la mide trabaja a 300 km de resolución, demasiado grueso para un salar.
  • Cumplimiento normativo. Este trabajo no dice si alguien incumple nada.

Sobre la deformación del salar

La medición de hundimiento con radar sobre el salar no viaja en este sitio, pero su límite conviene dejarlo dicho: la señal está en el piso de ruido atmosférico y el signo del movimiento no está confirmado. Es un indicio sostenido en el tiempo, no una medición cerrada. El análisis completo se comparte a pedido.